sábado, 11 de julio de 2020

Los hijos de la Tierra






Desde el salón de mi casa tengo el propósito de narrar una historia de amor contemporáneo, moderna, pero mucho me temo que al final, de mi propósito original poco he de lograr, pues inevitablemente bebe de aquellas fuentes, esenciales de antaño.

La antesala de este texto es un verdadero caos, una fiesta singular de plurales invitados. 
Dos imágenes opuestas unidas en la comunión de la Madre Tierra: mar y montaña. Fuego entre ellas.   

Empecemos por Las Cárites, 
que desnudas se pasean
y, cogidas de los hombros, danzan,
esparciendo sus gracias universales,
sembrando en los corazones la belleza 
grácil de la Naturaleza.

Ahora que Apolo se ha ido a acostar,
Sabina y Serrat han salido a cantar.
Se ha producido una revuelta, 
sin horario ni sentencia.
A la cabeza van, abanderados,
corazones embriagados 
de pastillas para no soñar.

Sin embargo...
ni la voz del saxo 
ni la versión de la guitarra
ni los pasos del piano 
ni las historias que 
este dúo de artistas cantan,
consigue distraer a las Hilanderas de su trabajo. 
Invisibles tejen, vidas, sin parar.

Ilitía provee los hilos de su cantera de alumbramientos. 
Átropo, primera de las Moiras, los enhebra con sus manos;
Cloto, la segunda, los enrolla día y noche,
hasta que Láquesis, la tercera y última, 
con su mano inquebrantable, 
remata el final de un corte.

Entonces ocurre de repente, 
en un momento determinado:
cada uno recibe de la vida su parte, 
su parte de alegría, su parte de tristeza...
El conocimiento es experiencia.

Y vemos cómo la siembra brota,
cómo crece, 
cómo fructifica. 

Hasta entonces y no antes, 
vemos cuándo lo hace 
y cuándo no lo hace.


Sigo con el propósito, pero hoy se me ha hecho tarde.

Angie Soleil.
Verano en Bajamar

viernes, 3 de julio de 2020

La mar todo lo cura.

La mar todo lo cura.
Da igual.
Medio llena o medio vacía.
La brisa y los olores.
El rugido, el tacto,  los sabores.
Son los colores.
Somos nosotros.
Es ella, madre naturaleza,
quien nos acoge,
acuna sin brazos
y se lleva los dolores.


sábado, 11 de abril de 2020

Microscopía


En tus manos era magia,
era puro fuego, risa y pasión.
Nunca me he sentido tan bella
como cuando tú me amabas.
Te quiero y te querré por siempre, amor.


viernes, 20 de marzo de 2020

Carta de una hija a su padre en Primavera.



Tal vez no te disgustes si esto llega tarde.

Querido papá:

¿Cómo estás? Esta es la segunda carta que te escribo en treinta años. ¿Dónde estás? Por aquí las cosas no andan muy bien, estamos siendo obligados a permanecer confinados en nuestras casas por el bien de la economía y la sociedad mundial. Habrás oído hablar del virus que nos está menguando como especie. Se ha extendido tan rápido y por tantas partes de la Tierra, que da miedo.

El lugar en el que vivo siempre ha sido tranquilo, yo no tengo más preocupaciones que asegurar el trabajo para tener cuatro paredes y un techo, comida en el plato, ropa, calzado y dinero para gastar en experiencias o en cosas materiales. La situación que se presentó de urgencia ha paralizado en seco a buena parte de la sociedad en los países desarrollados, interrumpiendo la actividad comercial y social. El cese total de actividad en este mundo es imposible. Ahora los espacios que a diario se inundaban de transeúntes permanecen vacíos, hasta las calles de este pueblito costero en el que vivo. Resulta apocalíptico para una sociedad en bullicio constante.

Las noticias de la radio, los mensajes que circulan por las RRSS, los audios en nombre de las Autoridades del Gobierno, las noticias de la tele, los periódicos, los coches de Protección Civil con megáfono, militares en las calles y multas por salir de casa... Esto no va a parar tan pronto como deseamos. La Pachamama lo está agradeciendo en su eterna sabiduría silenciosa y nosotros lo estamos sufriendo en nuestras carnes con reclusión, ansiedad, miedo, dolor y muerte. Pero la reclusión, la ansiedad, el miedo, el dolor y la muerte no son cosas nuevas para la humanidad ni para los tiempos que corren. La cosa es que ahora la pulga pica en nuestro cogote y el derroche de dinero sin sentido ha cesado.

No todo es malo, papá. Lo bueno es que parece que ahora hay más orugas desperezándose, este arresto domiciliario comunitario nos obliga a estar con nosotros mismos, en soledad si vivimos solos o en compañía si compartimos el día a día con alguien. Es hora de retomar las relaciones cercanas, aquellas que forman parte de nosotros y que ya casi estaban por ser o ya eran invisibles. Por eso, toda esta revoltura mundial tiene una doble capa, como el papel higiénico. Hasta ahora habíamos gozado de todos los privilegios y habíamos olvidado nuestra más original y primaria naturaleza de ser social, relacionarnos entre nosotros es vital y relacionarnos con afecto, más aún. Es necesario que nos valoremos a nosotros mismos tanto como al siguiente que tenemos más cercano, el resto se hace solo, somos una cadena. Si cuidamos del otro, cuidamos de nosotros mismos también. Esto es un juego de tronos y hay que quitar la corona a ese virus llamado Covid-19. Así que, allá donde estés, ¡quédate en casa, papá!

Te escribo esta carta porque ayer fue el día del padre y me hizo pensar en los padres que conozco y en ti, que te desconozco. No sé de qué color son tus ojos, los miraría un día como hoy y sonreiría, tal vez. No sé si nos llevaríamos bien. Quizá hubiéramos sido cómplices de salidas callejeras, despistando a la mama. No sé cuál es el timbre de tu voz, ni la curvatura de tu sonrisa, ni cómo son de cálidos y fuertes tus abrazos salvadores. No sé cómo sería tu gesto de padre orgulloso de su hija. No sé cómo me habrías ayudado si te hubiera necesitado. No sé cómo habría sido verte feliz ni enfadado. El día del padre es una celebración consumista en la actualidad, dinero, dinero y cosas materiales sin espíritu. El día que sea madre celebraré este día como un cumpleaños en el que se agasaje y consienta al padre por ser también origen y parte de nuestro hijo o hija, siempre y cuando haya ejercido en mayor o menor medida como padre en todas las competencias que eso conlleva. Porque… ¿qué es un padre? Tú viviste con tu padre. ¿Cuál es la tarea de un padre?, ¿te lo explicaron cuando supiste que ibas a ser padre? No es tarea fácil, ni la de padre ni la de madre ni la de familia. Lo vivimos todos los días, pero padre es padre al fin y… ¿quién soy yo para decirlo? No soy madre ni padre, soy hija.

Según la Real Academia de la Lengua Española, padre es el varón que ha engendrado uno o más hijos, que tiene una función protectora y afectiva. Es el animal macho que ha engendrado una o más crías. Es el macho del ganado destinado a la procreación. Es la cabeza de una descendencia, familia o pueblo. Es el sacerdote perteneciente a una orden religiosa. Padre es el origen, el principio. Es el autor o creador de algo. Para los cristianos es la primera persona de la Santísima Trinidad. Padres en plural, es el padre y la madre de una persona o animal. Padres también son los antepasados. ¿Dónde estás?, ¿qué es de ti? ¿Cómo es tu cara?, ¿se parece a la mía? La mama me dijo que tienes el pelo rizado, que eres alto, llevas bigote y que tu piel es morena. Dice que eras muy feo, jeje. Y muy malo también.

Cuando era pequeña preguntaba a mi madre por ti. ¿Por qué no tengo padre?, ¿dónde está?, ¿cuándo va a venir?, ¿lo conoceré algún día? Ella siempre me contaba alguna historia para despistarme y yo me quedaba con las cosas impresionantes, como que vivías en otro continente, lejos de aquí. ¿Cómo podía llegar hasta ti? Insistí tanto a mi madre, que un día te escribimos una carta. No recuerdo lo que pusimos, tal vez que era buena estudiante, que afortunadamente me había librado de llamarme Lourdes y estaba muy contenta con mi nombre: Ángela María, aunque más adelante quise llamarme Mónica, pero eso es otro tema. . Mi intención era comunicarme contigo. ¡Hala! Enviar una carta por correo postal desde una isla en el Océano Atlántico hasta Venezuela, ¡un país en América del Sur! ¡Eso era muy grande! Tenía siete u ocho años. Soñaba con el momento en el que te sorprendiera recibir una carta desde tan lejos. Deseaba que respondieras y me contaras sobre ti y sobre ese país de naturaleza salvaje. Mamá me dijo que la enviaría cuando fuera a trabajar y yo, sonriente, pensaba en ese momento. Cada día preguntaba “¿habrá llegado ya la carta?” Ilusionada por recibir la respuesta, dando por hecho que habría una respuesta.

Pasó un tiempo y me olvidé del asunto, pero los lazos del diablo quisieron que una tarde hallara el sobre de la carta, dobladita y sin enviar, bajo el cojín del sofá. La carta nunca salió de casa ni viajó hasta Sudamérica. Mi padre no respondió porque nunca le llegó. Lloré y odié a mi madre porque no me ayudó a llegar a ti. No tenía fotos en las que verte. Solo palabras e imaginación.

Pasaron años, quizá, y yo no volví a pensar en ti. Ni hice más preguntas. En mi documentación aparezco como hija de Santiago y María Nieve. Santiago es el padre de mi hermano, alto y moreno. Nos llevaba de paseo. Pepe el tortilla también ha ejercido de padre, pero nuestro lazo afectivo bilateral es invisible. De esos tantos días en los que pensaba en ti, mi madre me contaba alguna cosa nueva. Me hablaba de mis tías y decía que hay una de ellas a la que me parezco un montón. No puedo imaginármelo, jaja.

Un día me contó que habías muerto y yo no lloré porque no tenía ningún recuerdo contigo. No sé si es cierto o no, nunca me llegaron noticias. Me tuviste entre tus brazos, me alimentaste, me aseaste, también me maltrataste. A mi madre y a mí, a mí y a mi madre. Ella, fuerte y valiente, no dejó de pensar ni un solo día en cómo salvarnos de ti. Fue toda una aventura la huida, eh, papa, y tú muy cabrón, por todo el daño que hiciste.

En avión llegamos hasta aquí hace veintinueve años. El pueblito de Icod el Alto, allá arriba crecí, recreándome en el verde de los árboles, el amarillo de las trevinas, la tierra mojada, las papas, los baños en el patio, ir a buscar pinocho, el sol, la lluvia, el Teide y su gente. Nuestra relación no existe, papa.Eres ausencia y nebulosa. La mama sigue conmigo y es lo mejor que tengo, aunque no se lo digo nunca. Tú, Carlos Eugenio Brito Cabrera, me gustan más los apellidos de mi madre. El segundo lo llevo repetido. Zamora Zamora. Decían los griegos que el amor era el Alfa y la Omega, el principio y el final de todas las cosas. Mis apellidos comienzan con la última letra del abecedario y terminan con la primera y si quitas la primera y la última letra, ¿qué palabra queda? El amor puede con casi todo. Hombre sin rostro, pedazos de historias y recuerdos, allá donde estés, vivo o muerto, tienes una hija que se ha acordado de ti en el día del padre. ¡Felicidades! Y todos esos padres que no ejercéis de padres, no perdáis más el tiempo y disfrutad de vuestros hijos e hijas. Nunca es tarde si la dicha es buena. Este dicho es muy viejo, por algo será.

Angie Soleil

Bajamar, Viernes, 20 de marzo de 2020.
¡Feliz Primavera!



Al Dante

Te observo con mis ojos de noche y abro la boca como la luna llena.  Me convierto en un beso un beso que el aire lleva en su sen...