Desde el salón de mi casa tengo el propósito de narrar una historia de amor contemporáneo, moderna, pero mucho me temo que al final, de mi propósito original poco he de lograr, pues inevitablemente bebe de aquellas fuentes, esenciales de antaño.
La antesala de este texto es un verdadero caos, una fiesta singular de plurales invitados.
Dos imágenes opuestas unidas en la comunión de la Madre Tierra: mar y montaña. Fuego entre ellas.
Empecemos por Las Cárites,
que desnudas se pasean
y, cogidas de los hombros, danzan,
esparciendo sus gracias universales,
sembrando en los corazones la belleza
grácil de la Naturaleza.
Ahora que Apolo se ha ido a acostar,
Sabina y Serrat han salido a cantar.
Se ha producido una revuelta,
sin horario ni sentencia.
A la cabeza van, abanderados,
corazones embriagados
de pastillas para no soñar.
Sin embargo...
ni la voz del saxo
ni la versión de la guitarra
ni los pasos del piano
ni las historias que
este dúo de artistas cantan,
consigue distraer a las Hilanderas de su trabajo.
Invisibles tejen, vidas, sin parar.
Ilitía provee los hilos de su cantera de alumbramientos.
Átropo, primera de las Moiras, los enhebra con sus manos;
Cloto, la segunda, los enrolla día y noche,
hasta que Láquesis, la tercera y última,
con su mano inquebrantable,
remata el final de un corte.
Entonces ocurre de repente,
en un momento determinado:
cada uno recibe de la vida su parte,
su parte de alegría, su parte de tristeza...
El conocimiento es experiencia.
Y vemos cómo la siembra brota,
cómo crece,
cómo fructifica.
Hasta entonces y no antes,
vemos cuándo lo hace
y cuándo no lo hace.
Sigo con el propósito, pero hoy se me ha hecho tarde.
Angie Soleil.
Verano en Bajamar
Angie Soleil.
Verano en Bajamar

No hay comentarios:
Publicar un comentario