Hoy,
un hombre sin voz me ha preguntado: “¿Cómo puedes poner semejante frase?”,
refiriéndose a la oración escrita en la imagen. Un sujeto omitido en segunda
persona y un predicado formado por un verbo copulativo. ¿Cómo puede extrañar
tal composición? ¿Será por el significado? Estudiarla morfológicamente puede
resultar tan excitante como describir las reacciones de su significado.
Esta
oración afirmativa es fuerte y poderosa, firme. Empodera a quien la lee,
hinchiendo de vida las cajas torácicas que perdieron su voz. El amor de mi vida
soy yo. Sin mí no sé lo que es el amor, ni puedo darlo ni puedo recibirlo
porque soy yo quien hace y da el amor de mi vida, cultivándolo cuando me
comparto. El pecho henchido de vida tengo, lo sé, lo siento, porque en la
intimidad silenciosa de la noche, cuando mis ojos descansan a oscuras, escucho
algo que vibra dentro de mi caja torácica, que permanecía muda.
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